Décadas de silencios sobre el genocidio armenio durante el imperio otomano fueron destruidos al instante en que Gourgen disparó al cóns...
Décadas de
silencios sobre el genocidio armenio durante el imperio otomano fueron destruidos al
instante en que Gourgen disparó al cónsul general de Turquía y su empleado en
Santa Bárbara en enero de 1973. Las esperanzas
turcas de que el acto genocida quedaría en el olvido, se transformaron en un
deseo ilusorio. Un anciano armenio, que vivía en la lejana California, demostró
que los descendientes de esta atrocidad turca no olvidan.
En Santa
Bárbara había comenzado la campaña para el reconocimiento internacional del
genocidio. Durante la campaña los armenios informaron a la opinión pública
mundial y aumentaron la conciencia mundial de estas atrocidades cometidas
dentro del Imperio otomano. En muchos parlamentos se aprobaron resoluciones
reconociendo el hecho histórico del genocidio armenio. Turquía declaró que la
Diáspora Armenia pasaba a ser un enemigo nacional y tomó todas las medidas
posibles para combatir el "Lobby Armenio" y evitar el reconocimiento internacional
del genocidio armenio.
Está
ampliamente aceptado que Alemania lleva una responsabilidad conjunta por el
genocidio contra los armenios durante el imperio otomano. Esto está claramente
documentado en los documentos archivados del Ministerio de Exteriores alemán
que fueron publicados por el periodista alemán y editor Wolfgang Gust en 2005.
Persistentemente, señaló que sólo el gobierno alemán podría haber evitado que
Turquía llevara a cabo el plan criminal de su gobierno para "resolver el
problema Armenio". El gobierno alemán bajo el emperador Wilhelm II no lo
hizo por su alianza con el régimen turco, que era más importante que las vidas
de los cristianos armenios.
El Gobierno
de Berlín había sido extremadamente silencioso con respecto a estas
atrocidades, mientras que al mismo tiempo proclamaba una conducta ejemplar en
el tratamiento de las atrocidades cometidas contra los judíos europeos durante
la Segunda Guerra Mundial e incluso sugirió que Turquía debería tomar en serio
su ejemplo. Pero si Alemania es tan valiente y dispuesta a trabajar los
crímenes de su pasado, ¿por qué el gobierno alemán permaneció en silencio hasta
2005 para comenzar a evaluar su papel en el genocidio armenio?
Sólo a
principios de 2005 el actual canciller, Angela Merkel, presentó una moción al
Parlamento para conmemorar a las víctimas de las atrocidades cometidas contra
los armenios en el Imperio Otomano. En abril tuvo lugar un debate sobre este
tema en el Parlamento alemán y en junio se aprobó una resolución formulada por
las partes. Esta resolución es la siguiente:
"El
Bundestag alemán honra y conmemora a las víctimas de la violencia, el asesinato
y de la expulsión del pueblo armenio antes y durante la primera guerra mundial.
El Bundestag deplora las acciones del gobierno de los jóvenes turcos en el
imperio otomano que ocasionaron casi la destrucción total de los armenios en
Anatolia. También deplora el ignominioso papel desempeñado por el Reich alemán
que, a pesar de una amplia variedad de información sobre la expulsión
organizada y el aniquilamiento de los armenios, no hizo ningún intento por
intervenir y detener estas atrocidades". (Texto completo:
www.armenian-genocide.org)
Aunque la
resolución no hace ninguna mención explícita del genocidio armenio, muchos
armenios fuera de Alemania interpretaron la misma como un reconocimiento por
parte del gobierno alemán del genocidio contra los armenios.
En el sitio
web del "Instituto Nacional Armenio" se afirmaba que Alemania era uno
de los países que habían reconocido el genocidio. Sin embargo, la organización
de los armenios en Alemania nunca ha visto esta resolución del Parlamento
alemán como reconocimiento del genocidio. El Comité Central de los armenios en
Alemania dejó ya claro en muchas ocasiones que esta resolución parlamentaria no
cumple con las expectativas de los armenios en Alemania.
En un
comunicado de prensa del 13 de marzo de 2010 la organización señaló que
"el reconocimiento formal del genocidio armenio por Alemania es inevitable
y está muy atrasada"; y el 6 de abril la organización exigió nuevamente
desde el Parlamento alemán el reconocimiento oficial del genocidio armenio por
el imperio otomano en 1915, de acuerdo con la convención de la ONU sobre la
prevención y el castigo de los actos de genocidio.
Es evidente
que hay diferentes opiniones respecto a la evaluación de la resolución
parlamentaria alemana de 2005. Si la resolución era un claro reconocimiento del
genocidio, ¿por qué el Gobierno turco lo aceptó con tanta calma y no reaccionó
como lo hizo siempre después de semejantes resoluciones? Alemania tiene una
gran población de inmigrantes turcos y los nacionalistas turcos están bien
organizados, pero todavía no hubo protestas o manifestaciones. No hubo demandas
de boicot a productos alemanes. Aunque el Gobierno de Turquía envió una
protesta formal contra la resolución, era muy suave, a diferencia de las otras
ocasiones en que un estado reconoció el genocidio.
Uno llega a
la conclusión de que tiene que haber otras razones por las que el Gobierno
turco y los nacionalistas turcos reaccionaron tan dócilmente a la resolución.
Tras el debate en abril de 2005, el canciller alemán Schröder viajó a Turquía.
Uno de los temas fue sin duda el contenido de la resolución formulada. Con el
tiempo quedó claro que los Gobiernos alemán y turco habían acordado una
estrategia común para hacer frente a la resolución sobre el genocidio. La
antigua alianza turco-alemán había hecho posible el genocidio en 1915 y ahora,
los dos aliados tuvieron que encontrar una manera de impedir que las demandas
de los armenios por el reconocimiento del genocidio sean llevadas a la arena
política.
La clave
para responder a esta pregunta está, en esencia, en el título de la resolución:
"Alemania tiene que hacer su contribución a la reconciliación entre turcos
y armenios"
A primera
vista, la demanda para la reconciliación parece algo que no puede ser rechazado
o criticado. En la Lectura de las declaraciones emitidas por el gobierno alemán
desde 2005, está claro que la política no es buscar la reconciliación entre
armenios y turcos, sino entre la República de Armenia y la de Turquía. Si el
gobierno alemán considera la cuestión del genocidio como un problema a ser
resuelto por los dos Estados, entonces es evidente que la Diáspora Armenia no
tiene ningún papel que desempeñar, según el gobierno alemán. Los descendientes
de los sobrevivientes del genocidio, que se dispersaron por todo el mundo,
serían consecuentemente ignorados. Aunque sean estas personas que, en las
últimas décadas, hayan sido quienes hicieran campaña para el reconocimiento de
dichas atrocidades.
Las demandas
del Parlamento alemán para una reconciliación turco-armenia no han despertado
oposición del gobierno turco: está dispuesto a la reconciliación, pero no está
preparado para reconocer como genocidio las atrocidades cometidas en 1915.
La Diáspora
Armenia es considerada por el gobierno turco como un "enemigo", algo
que no ha sido hasta ahora capaz de amordazar. La única manera posible y
disponible para el Gobierno turco para eludir
a la "diáspora armenia irreconciliable" es convertir el
genocidio en un tema que deba ser tratado sólo con la República de Armenia. El
genocidio se convertirá así en una cuestión de negociación entre los dos
estados, por lo que la diáspora no tendrá derecho u oportunidad de participar en
el proceso. El estado debilitado de Armenia, ya aislado por Turquía y
Azerbaiyán, por sí solo puede ser sometido a más presión no sólo por Turquía
sino también por sus aliados, sobre todo Alemania. Poniendo la reconciliación
de las dos naciones en la agenda política, el Gobierno alemán hizo al gobierno
turco un inmenso favor.
Las organizaciones
armenias de Europa no han estado muy atentas al devenir de la evolución
política desde 2005. Tampoco fueron capaces de reconocer la ramificación de la
contribución alemana al proceso de reconciliación, por no hablar de los motivos
políticos detrás de esta política. Sin embargo, evaluando la información
disponible en la actualidad, es cada vez más evidente.
Ulla Jelpke,
miembro del Parlamento por el Partido Links (La Izquierda) presentó unas breves
preguntas escritas al gobierno alemán en agosto de este año. Su objetivo era
determinar qué proyectos académicos estaban siendo financiadas por el estado
alemán con el objetivo de evaluar críticamente la cuestión del genocidio. El
Secretario de estado de relaciones exteriores, Cornelia Piper respondió dando
detalles de gran interés para los armenios. La declaración detallada incluye lo
siguiente:
"Sobre
la base de la citada resolución del Parlamento alemán en junio de 2005, que
menciona en su pregunta, el representante del Gobierno alemán del Departamento
de Cultura y Medios de Comunicación otorgó una suma de 410.000 euros para la
casa Lepsius en Potsdam, equipos y programas de desarrollo cultural, para
convertir la casa en un centro de investigación turco alemán y como lugar de
intercambio Cultural. El gobierno alemán está acompañando el proceso de
reconciliación turco-armenio apoyando las actividades transfronterizas de las
ONG y fundaciones políticas alemanas. En este espíritu, el Ministerio de
Asuntos Exteriores alemán proporcionó fondos por un total de 1,4 millones de
euros entre 2009 y 2013 para el proyecto de reconciliación establecido por el
Instituto de cooperación internacional de la Asociación alemana de educación
para adultos (“dvv international”), bajo el título "Hablando el uno al
otro". El contenido de este proyecto implica intercambios de estudiantes y
profesores entre Armenia y Turquía, la evaluación histórica crítica común de
los últimos acontecimientos en forma de seminarios, publicaciones y
exposiciones”.
Aparte de
estas dos grandes sumas de 410.000 y 1, 4 millones de euros, el gobierno alemán
ha financiado actividades menores por 50.000 euros. En total, se ha previsto la
suma de 1, 9 millones de euros en apoyo a proyectos involucrados en el proceso
de reconciliación entre Armenia y Turquía. El apoyo financiero a la casa de
Lepsius en la ciudad de Potsdam es ampliamente conocido y el trabajo de la casa
de Lepsius es conocido también por muchos armenios en Alemania. Pero, la labor
llevada a cabo por la "dvv international" es en gran parte
desconocida. En su página web, las áreas de actividades de la organización son
descriptas de la siguiente manera: "la dvv apoya un intercambio europeo y
mundial de información y conocimiento sobre Educación de adultos y desarrollo,
el establecimiento y la expansión de las estructuras de educación para jóvenes
y adultos en países en desarrollo y en transformación, ofreciendo capacitación
y entrega de soporte para el aprendizaje político global euro
intelectual". (Para más información ver: www.dvv-international.de)
Esta
institución, que ha estado activa en la República de Armenia desde 2002 y de
acuerdo a su sitio web es "uno de los jugadores más importantes en el
campo de la educación de adultos y del aprendizaje permanente”, sin duda ha
establecido buenos contactos con el Gobierno. La Oficina de Relaciones
Exteriores de Alemania, la dvv international y los ministerios de Armenia,
presumiblemente han estado cooperado en la organización de proyectos de
reconciliación en Armenia.
Una estrecha
cooperación similar se habría llevado a cabo con el gobierno turco ya que
"dvv international" también está
activa en Turquía.
El gobierno
de Sarkisian abrazó con gusto el papel pensado por Alemania, en el proceso de
reconciliación y no sólo por razones políticas. El gobierno debería haber dejado perfectamente
claro desde el principio que la cuestión del genocidio ciertamente no era un
asunto exclusivamente entre la República de Armenia y Turquía, sino una
cuestión en que también participa la Diáspora Armenia. La posición de Ereván
sobre este tema demuestra otra vez que no hay un claro acuerdo entre el
gobierno de Sarkisian y la diáspora en relación con la cuestión del genocidio.
Una de las
políticas del gobierno turco es abrir una brecha entre la diáspora y la
República de Armenia. La firma de los protocolos turco- armenios en Zurich
tuvo, en este sentido, un gran éxito de estrategia política turca, a pesar de
que los Protocolos finalmente no fueron ratificados. Esto puede parecer una
coincidencia, pero la “dvv international” comenzó sus proyectos de
reconciliación el mismo año, en 2009, cuando se estaba firmado el Protocolo
turco-armenio en Zurich y no se sabía cuándo comenzó la "diplomacia
secreta" que condujo a los protocolos de Zurich.
Si las
negociaciones entre Turquía y Armenia empezaron después de 2005 podría ser una
indicación de que las negociaciones se hayan iniciado por el gobierno alemán. Debido
a la participación de Alemania en el genocidio, Alemania tenía un interés en
asegurar que este tema fuera finalmente retirado de la agenda política.
Como aliado
cercano al Gobierno turco, Alemania también había establecido contactos
estrechos con el gobierno de Armenia. Alemania había dado ayuda generosa al
país y los inversionistas alemanes son un factor importante de inversión en la
región. Por lo tanto, el gobierno alemán tenía suficiente ventaja para
"convencer" a Ereván en cuanto a los beneficios de iniciar las
negociaciones. Tal vez esta influencia tuvo que volver a usarse para persuadir
a Ereván de apoyar sus proyectos de "reconciliación". Después de que
Alemania había empujado la "cuestión del reconocimiento" hacia el
"camino de la reconciliación", la diáspora se enfrentó y se enfrenta
a una situación nueva. ¿Deben renunciar a su campaña por el reconocimiento del
genocidio y en cambio unirse al "proceso de reconciliación" con
Turquía?
La diáspora
armenia debe persuadir al Gobierno alemán que su política de reconciliación
sirve a los intereses políticos turcos. Gracias a Alemania, el Gobierno de
Turquía ya puede señalar que estos " proyectos de reconciliación "
están siendo apoyados por el Gobierno de Armenia y se preparan para
"resolver" la cuestión sobre el Genocidio en cooperación con ellos.
Si la comunidad internacional sigue su ejemplo y también considera la cuestión
del genocidio como un tema a tratar sólo entre la República de Armenia y la de
Turquía, la diáspora -con sus demandas para el reconocimiento del genocidio
armenio- no encontraría ningún apoyo, al igual que en el pasado.
El Gobierno
de Sarkisian fue duramente criticado por el Protocolo de Zurich. Pero ¿por qué
la diáspora permaneció en silencio cuando Alemania y Turquía, junto con la
República de Armenia, estaban cooperando con la reconciliación? El objetivo de
los proyectos de "Reconciliación" financiados por Alemania no es para
persuadir a Turquía a reconocer el genocidio,
sino para generar una reconciliación entre Turquía y la República de
Armenia.
Si tiene
éxito esta política, la campaña de la diáspora para el reconocimiento del
genocidio que comenzó con los disparos en Santa Bárbara tendrá un final
abrupto.

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